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04 noviembre, 2022

América Latina en la puja de intereses de las grandes potencias

América Latina ante el nuevo Gran Juego geopolítico global

La región mueve sus piezas en paralelo a los intereses de las grandes potencias.
Por: Roberto Mansilla Blanco, publicado por Análisis Global.

A pesar ser observado a priori como un escenario poco relevante dentro de las transformaciones geopolíticas que está generando el conflicto en Ucrania, América Latina tampoco escapa de la puja de intereses entre las grandes potencias mundiales, particularmente motivados por las distorsiones que está provocando este conflicto en la economía global. 

Especie de recreación del histórico Gran Juego que Rusia y Gran Bretaña llevaron a cabo en Asia Central en las últimas décadas del siglo XIX, el contexto actual implica para América Latina un inesperado interés geopolítico principalmente para EE UU, China y Rusia. Estas potencias buscan obtener influencia en países exportadores de materias primas esenciales como petróleo, gas natural, minerales, trigo, cereales, etcétera. Destacan en este apartado países como Venezuela, Argentina, Brasil, Chile y México. 

Por otro lado, la región latinoamericana también sopesa en qué medida esta coyuntura provocada por la crisis ucraniana podría proveer de oportunidades para su inserción en los foros y mercados internacionales.

Las claves geoeconómicas y geopolíticas

Los principales efectos económicos que el conflicto ucraniano y, en particular, las sanciones internacionales a Rusia han generado en América Latina son el alza de los precios de la energía (petróleo y gas), la minería (carbón, cobre y níquel), los alimentos (trigo, maíz y aceites) y los fertilizantes. Esto se debe a la posición relevante de Rusia y Ucrania en la producción y el comercio mundial de dichos productos. 

Ahora bien, en este escenario de neoguerra fría determinado por el progresivo deterioro de las relaciones entre Occidente y Rusia y el simultáneo aumento de las tensiones occidentales con China, ¿cómo observa América Latina la reactivación de este pulso geopolítico entre las grandes potencias por obtener esferas de influencia en la región? Así mismo, ¿cómo logrará manejar las distorsiones en los mercados derivados de las sanciones occidentales a Rusia y ante la posibilidad de escasez energética y de alimentos?

En las últimas dos décadas, la mayor parte de los países latinoamericanos han mantenido equilibrios en sus relaciones con las principales potencias globales, particularmente EE UU, China y Rusia. Por otro lado, en lo que respecta a la crisis en Ucrania, Europa ha ejercido una posición de mayor alineamiento con los compromisos atlantistas vía OTAN. Fuertemente dependiente de la energía rusa, la UE también observa con atención las oportunidades que se presentan con las materias primas latinoamericanas en este coyuntura de desconexión económica ruso-occidental, toda vez apuesta por fomentar otras vías de cooperación tales como las energías limpias, el fomento de la democracia, la integración económica y los acuerdos comerciales, entre otros.

Por otro lado, el ascenso económico chino y el marcado activismo geopolítico ruso también han sido observados por países como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Brasil, Argentina y México como oportunidades para establecer mecanismos de cooperación económica e incluso militar, así como factores de carácter disuasivo a la hora de establecer equilibrios y una relación más equitativa con EE UU, la histórica potencia hegemónica  del hemisférico. 

A consecuencia, Washington ha establecido alianzas estratégicas (Colombia desde 2000 por la lucha antidrogas) que le han permitido no sólo conservar ejes de influencia a nivel hemisférico sino también, con el paso del tiempo, servir como herramienta de contención para las aspiraciones geopolíticas de sus rivales chino y ruso.

En lo que respecta a la invasión rusa de Ucrania, si bien la mayoría de los países latinoamericanos votaron a favor de condenar a Moscú ante la Asamblea General de la ONU (a excepción de Venezuela, Cuba y Nicaragua); otros (Brasil, México, Chile) han mostrado también críticas hacia el papel de la OTAN en el conflicto ucraniano. Este escenario confirma cómo la mayor parte de los países latinoamericanos (salvo excepciones como los ya mencionados países que votaron a favor de Moscú) evita alinearse de manera irrestricta en algún bando en el marco actual de la confrontación entre Occidente y Rusia así como con China a escala global, en aras de procrear mecanismos de equilibrio y negociación a tenor de sus respectivas alianzas económicas y geopolíticas.

Pero también están las preocupaciones sobre la crisis económica derivada del conflicto ucraniano. Tal y como argumenta un reciente informe de la CEPAL, la destrucción de la capacidad productiva agrícola en Ucrania y la paralización de gran parte del comercio de cereales y fertilizantes con Rusia (en particular ante el bloqueo de los puertos en el Mar Negro) está generando la posibilidad de una crisis alimentaria mundial. 

Este escenario, que obstaculiza la fluidez del comercio global, obligaría a las grandes potencias a recolocar su foco de atención en las materias primas latinoamericanas. No obstante, debe igualmente destacarse que la región también se verá afectada por esta distorsión de las relaciones económicas internacionales, con expectativas de menor crecimiento económico, mayor inflación ante la volatilidad de los mercados, ralentización en cuanto a la generación de empleo y mayor incertidumbre sobre las perspectivas económicas.

Pero también está el sector turístico, clave para el desarrollo económico regional, especialmente en el Caribe. Estos países se ven afectados por las sanciones occidentales a Moscú  y, especialmente, por el cierre del espacio aéreo del Atlántico Norte a los aviones rusos. En 2021, Rusia fue el principal emisor de turistas hacia Cuba y República Dominicana, lo cual da a entender la magnitud de pérdidas económicas vía turismo derivados de la guerra en Ucrania.

Los aliados del eje sino-ruso: Venezuela, Cuba y Nicaragua

Comencemos por el caso venezolano, considerado el país con las mayores reservas energéticas a nivel mundial pero que en los últimos años ha registrado crisis permanentes, aunque en la actualidad se aprecian síntomas de cierta recuperación.

Solo un par de semanas después del comienzo de la guerra en Ucrania, emisarios de la administración estadounidense se dirigieron a Caracas para realizar una inicial toma de contacto con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, con quien Washington mantiene oficialmente «congeladas» (entiéndase temporalmente suspendidas) sus relaciones bilaterales desde 2019. El gobierno de Maduro ha confirmado recientemente la continuidad de esta agenda de conversaciones con la administración de Joe Biden.

El escenario de seguridad energética y la posibilidad de normalización de las relaciones bilaterales entre Washington y Caracas se intuyen como los principales focos de interés en estas reuniones, en particular para Washington ante las incertidumbres en el mercado occidental sobre la desconexión energética de Rusia. De hecho, multinacionales como Chevron Corp y Exxon Mobil ya anunciaron su retorno a Venezuela.

Por otro lado, Caracas ha sido un firme aliado de Rusia y de China en los últimos 15 años, especialmente en el terreno energético y militar. El país es de los pocos Estados que han respaldado sin fisuras lo que Moscú denomina como «Operación Especial» en Ucrania. Altos cargos del gobierno de Maduro, como la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el actual ministro de Exteriores, Carlos Faría, se han reunido en diversas ocasiones con el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov.

Rusia, además de defender a Maduro en los foros internacionales, ha sido principalmente un proveedor de ayuda financiera y económica para Venezuela, así como se ha convertido en probablemente el principal socio militar venezolano. Un ejemplo son los ejercicios militares entre Rusia, China, Irán y Venezuela en territorio venezolano, en el marco de la iniciativa International Army Games que, por vez primera, se realizan fuera del territorio ruso. Estos ejercicios podrían ser interpretados como una especie de efecto disuasorio por parte de Moscú hacia Washington, en especial ante el apoyo estadounidense y de la OTAN a Ucrania.

Por otro lado, las sanciones occidentales contra Rusia debido a la invasión de Ucrania también repercuten en las relaciones económicas con Venezuela, particularmente por el hecho de que las fortunas de diversos oligarcas venezolanos en Moscú podrían verse perjudicadas por esta desconexión occidental de la economía rusa. Debe igualmente destacarse que países como Irán, Turquía e India también han ingresado con éxito en el mercado venezolano, principalmente a través de la cooperación energética y económica.

Con Venezuela están también Nicaragua y Cuba, todos ellos miembros del considerado eje del ALBA. Managua y La Habana tienen en Rusia y China a socios económicos, políticos y militares de importancia. Toda vez, en los últimos meses se ha agudizado la confrontación entre Washington y el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, que llevó a la no invitación de Managua, Caracas y La Habana por parte de la administración Biden a la reciente Cumbre de las Américas celebrada en EE UU.

Las tensiones entre Estados Unidos y Nicaragua comienzan a elevar el tono en particular en materia de derechos humanos y por el creciente acercamiento militar de Managua a Moscú, ratificado con el apoyo de Ortega a la invasión rusa de Ucrania y su decisión de permitir la presencia de tropas rusas en suelo nicaragüense bajo la presunta perspectiva de asistencia humanitaria. Un apoyo igualmente demostrado por Cuba a Rusia, observado con preocupación desde Washington y que acrecentaría aún más las sanciones estadounidenses a la isla caribeña. 

En términos geopolíticos, Moscú busca ingresar con mayor decisión en la esfera de influencia hemisférica estadounidense sea por la vía sanitaria (vacuna Sputnik V con Argentina, Bolivia, Nicaragua, Paraguay y Venezuela) o bien concretando alianzas militares y económicas (Venezuela, Cuba y Nicaragua) que le permitan, entre otros aspectos, contrarrestar el apoyo estadounidense y de la OTAN a Ucrania y Georgia, dos países enmarcados en la esfera de influencia rusa. 

Por su parte, China se concentra más en ampliar sus mercados a través de la cooperación y ayuda económica, con menor incidencia geopolítica y militar que en el caso ruso. Un caso particularmente significativo tiene que ver con las intenciones chinas de firmar acuerdos de libre comercio con países miembros de MERCOSUR, como el caso de Uruguay, con la perspectiva de ampliarlos al resto de miembros de esta organización.

Los complejos equilibrios de Brasil, Argentina, México y Colombia

Otros países como Brasil, Argentina y México también han aumentado sus vínculos estratégicos con Rusia y China en los últimos años, toda vez manejan difíciles equilibrios (no exentos de tensiones) en sus relaciones con EE UU, especialmente en lo concerniente a la migración.

Paralelo a esto, los cambios políticos presentados en la región en los más recientes procesos electorales auguran igualmente la aplicación de este enfoque orientado a ampliar las alianzas exteriores latinoamericanas a fin de equilibrar sus relaciones con Washington. 

Cobran especial atención las victorias que desde 2019 ha alcanzado la izquierda en Bolivia, Perú, Chile, Honduras y Colombia, así como el posible retorno de Lula da Silva a la presidencia de Brasil en los comicios de octubre. Este nuevo giro político a la izquierda a nivel hemisférico busca también ampliar esas alianzas exteriores con actores emergentes (Rusia, China, India, Turquía e Irán) a través de foros globales (BRICS), lo cual aprecia un desafío a los intereses de Washington en la región.

Para EE UU, un caso particularmente estratégico es Colombia. El país andino es el único a nivel latinoamericano que cuenta con el estatus de socio extracontinental de la OTAN. No obstante, está por ver si el reciente giro político hacia la izquierda en manos del próximo presidente Gustavo Petro podría definir una revisión de este estatus, toda vez el nuevo gobierno en Bogotá muy probablemente también buscará la normalización de sus relaciones con Venezuela.

Con sus matices, el caso colombiano eventualmente reflejaría a nivel latinoamericano hasta qué punto son factibles los alcances de la actual confrontación ruso-occidental en Ucrania. Así como la OTAN admitió en su reciente cumbre de Madrid la posibilidad de ampliación de la Alianza Atlántica a países históricamente neutrales como Suecia y Finlandia, geográficamente muy próximos a Rusia, la presidencia de Petro en Colombia podría traducir un giro geopolítico más favorable a Moscú a través de la normalización de relaciones con Venezuela. Este escenario podría propiciar un acercamiento de Bogotá al eje sino-ruso así como del ALBA, con las consecuentes posibilidades de alejamiento de la órbita estadounidense.

Por otro lado, China también observa con atención el giro político continental y cómo el regreso de la izquierda podría propiciar mayores cuotas de presencia económica para Pekín. Un caso particular es Argentina, que recientemente ha solicitado su admisión en los BRICS, la cual fue inmediatamente aceptada por China.

Con todo, la decisión argentina de ingresar en los BRICS puede verse determinada por la necesidad de ampliar sus socios económicos a fin de reducir su dependencia económica de organismos internacionales (FMI, Banco Mundial) donde Washington tiene mayor peso. Un aspecto que cobra especial relevancia en los actuales momentos donde vuelve a especularse con la posibilidad de un default de la economía argentina.

Por otro lado, está Brasil. La posibilidad de regreso de Lula a la presidencia augura un retorno al multilateralismo, con especial incidencia hacia China, Rusia, India, Irán y Turquía, tomando en cuenta el peso económico brasileño a nivel hemisférico y su condición de miembro originario de los BRICS. 

Al igual que el actual mandatario Jair Bolsonaro, rival electoral de Lula, éste ha adoptado una posición más condescendiente con Moscú en lo relativo a la crisis ucraniana. Es de prever igualmente que, de volver a la presidencia, Lula secundará a China e India como socios del BRICS a la hora de oponerse a las iniciativas occidentales de desconexión de la economía rusa. 

También están los casos de países como México, Chile, Perú y Bolivia, que combinan el equilibrio en sus relaciones con las principales potencias (EE UU, Rusia, China) con expectativas de preservar sus esferas de autonomía para inserirse en los mercados y foros internacionales. 

Un foco de atención es el caso mexicano, especialmente en lo concerniente a sus relaciones con Rusia. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador manifestó cierta ambigüedad en su posición sobre la invasión rusa a Ucrania, toda vez bajo este contexto el Congreso mexicano inauguró el Grupo de Amistad México-Rusia como plataforma de relaciones de alto nivel. EE UU ya ha mostrado sus recelos ante el posible acercamiento ruso a México.

El resto de la región (países andinos y centroamericanos) permanecerá expectante ante los cambios políticos hemisféricos derivados del actual ciclo electoral, el impacto económico del conflicto ucraniano, los intereses de las principales economías de la región (Brasil, México) y de otros países importantes que arrastran situaciones de crisis (Venezuela, Argentina, Colombia) y, finalmente, la dinámica y la influencia que a nivel regional contemple el pulso geopolítico global de las grandes potencias (EE UU, China, Rusia y en menor medida Europa). En este nuevo Gran Juego, América Latina también busca redefinir cuál es realmente su peso a escala internacional. / Por: Roberto Mansilla Blanco, publicado por Análisis Global.-

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18 octubre, 2022

El pensamiento de Vladimir

Cuál es el plan final de Putin: viaje al pensamiento de su mentor intelectual

Aleksandr Dugin es quien da forma filosófica a las proyecciones políticas del jefe de estado ruso. Qué tiene en su cabeza el intelectual que influye en Moscú desde hace 20 años.

Publicado por Infobae. 24/03/2022. Fuente The Washington Post.

Cuando Vladimir Putin expuso al mundo su idea de que Ucrania no existía como país soberano y que era una construcción que pertenecía a Rusia, muchos que conocían los laberintos de su cabeza supieron que detrás de esos conceptos existía un mentor, un gurú, que los había trazado con él. Alguien que le había dado la narrativa exacta que podría actuar como excusa para invadir al país vecino democrático y cada vez más independiente de Moscú y más cercano a Europa.

Aleksandr Dugin, mentor del plan de Vladimir Putin
para que Rusia vuelva a ser un imperio (Infobae)
Ese gurú es nada menos que Aleksandr Dugin, un intelectual, un “profeta fascista” como lo llama David Von Drehle en su columna de The Washington Post de este jueves. “El análisis procede directamente de las obras de un profeta fascista del máximo imperio ruso llamado Aleksandr Dugin”, escribió el columnista de diario de la capital norteamericana.

“La influencia intelectual de Dugin sobre el líder ruso es bien conocida por los estudiosos cercanos del periodo postsoviético, entre los que a veces se refiere a Dugin, de 60 años, como el ‘cerebro de Putin’. Su trabajo también es familiar para la ‘nueva derecha’ europea, de la que Dugin ha sido una figura destacada durante casi tres décadas, y para la ‘alt-right’ estadounidense. De hecho, la ex esposa del líder nacionalista blanco Richard Spencer, de origen ruso, Nina Kouprianova, ha traducido parte de la obra de Dugin al inglés”, explica Von Drehle.

El columnista norteamericano explica además que no es nueva la influencia de Dugin sobre las decisiones del Kremlin. El intelectual preferido de Putin ha estado influyendo sobre las políticas de Moscú durante los pasados 20 años. Es quien creó los relatos necesarios para que el jefe de estado ruso pudiera solidificarse en el poder y, sobre todo, golpear las democracias occidentales con nuevas ideas, ya sean de izquierda o derecha, indistintamente.

“Producto de la decadencia soviética tardía, Dugin pertenece a la larga y funesta línea de teóricos políticos que inventan un pasado fuerte y glorioso -infundido de misticismo y obediente a la autoridad- para explicar un presente fracasado”, señala el autor quien compara al monje negro ruso con otros intelectuales que dedicaron su voz en declamar que “el futuro está en reclamar ese pasado al presente liberal, comercial y cosmopolita (a menudo representado por el pueblo judío)”. Así enumera a Julius Evola, el monje loco del fascismo italiano; Charles Maurras, el reaccionario nacionalista francés; Charles Coughlin, el locutor de radio estadounidense; e incluso “el autor de un libro alemán llamado Mein Kampf”.

16 octubre, 2022

El asunto Mapuche

Media Argentina entregada a Chile

El RAM ha reivindicado cientos de actos terroristas en Neuquén, Chubut y Río Negro. En un manifiesto de 2014 declaró la guerra a Argentina y Chile, anunció que atacaría a los enemigos winka capitalistas (argentinos que no son mapuches) y al Estado opresor. Sus militantes son violentamente antiargentinos, han quemado y escupido la bandera nacional, vandalizaron placas de soldados caídos en las Malvinas y el Monumento a San Martin, a quien acusan de invasor. Parecería que ante el peligro de una invasión extranjera las Fuerzas Armadas y la Gendarmería deberían tomar cartas en el asunto, pero su comandante en jefe y muchos funcionarios no se han enterado del problema.

Por Jaime Duran Barba, publicado por Perfil. 15/10/2022

Los Homo Sapiens llegamos a América poco antes de que termine la Edad del Hielo, aislados del resto de la especie fundamos culturas que domesticaron vegetales que combatieron el hambre de la humanidad como el maíz, la papa, el chocolatl, el cacahuatl, y otros.

En Mesoamérica, se desarrollaron cientos de pueblos dentro de dos vertientes, la maya y la azteca, que inventaron sistemas de escritura, una mitología compleja presidida por el Colibrí Zurdo (Huitzilopochtli) y la Serpiente Emplumada (Quetzalcoatl), construyeron ciudades, pirámides. Se pueden admirar sus monumentos en sitios como Cholula, Teotihuacán, Chichén Itzá, Tikal y muchos otros y pasar días enteros en el Museo Nacional de Antropología de México admirando sus creaciones.

En los Andes existió otro conjunto de culturas importantes, dominadas en la última etapa por los incas que hicieron algo semejante. Se puede constatar su sofisticación visitando Tiahuanaco, Nazca, Cuzco, Machu Pi-cchu, Vilcabamba y muchos otros lugares.

Además de las sociedades sedentarias, algunas naciones indígenas nómades, dedicadas a la guerra, aprendieron a manejar los caballos que trajeron los españoles, para formar ejércitos ecuestres con los que exterminaron o sometieron a otros pueblos. En Norteamérica fueron siux, pies negros, cheyenes, y comanches. En Sudamérica lo hizo solamente un pueblo, asentado en la actual Araucanía chilena, que enfrentó a incas y españoles sin someterse nunca. Les denominaron araucanos vocablo derivado del quechua auca, que significa salvaje. Desde el siglo XIX se llaman a sí mismos mapuches, fundiendo dos palabras del mapudungún: mapu y che, tierra y gente.

Durante la Colonia y el inicio de la República, se mantuvo un límite con la cultura blanca borrado alrededor de 1860, cuando Chile organizó la “Ocupación de la Araucanía” y Argentina la “Guerra del Desierto”, a partir de que los loncos (caciques) araucanos celebraron una Futa Kolloj, Constituyente del Reino de la Araucanía, llamado también la Nueva Francia, con capital en Perquenco, proclamando rey al aventurero francés Orélie Antoine de Tounens. Sus territorios comprendían todo los que está al sur del río Bío Bío en Chile y del Río Negro en Argentina, las islas Malvinas y la Antártida.

Fue el tiempo en que Francia quiso intervenir en América, invadió México y proclamó emperador a Maximiliano de Habsburgo. Los franceses crearon el término “América Latina”, para incluirse en una América en la que nunca habíamos hablado latín.

Imagen de Gustavo Peon. Vista en Perfil
Históricamente muchos dirigentes mapuches soñaron siempre con formar un país independiente, cosa que nada tiene que ver con ideologías, como creen algunos argentinos anclados en los setenta.

Los líderes mapuches han buscado distintas alianzas para conseguir su objetivo: fundaron la Nueva Francia en el siglo XIX, nombraron al general Augusto Pinochet “Fauta Lonco”, (Gran Autoridad) de su nación, hoy intentan instalar su país al que llaman Wallmapu. Una monarquía de papel europea, Pinochet y algunos entusiastas de izquierda han sido usados con este fin.

Según el censo, existen en Chile 1.745.147 mapuches, que constituyes el 9,93% de la población. En Argentina, según el Indec, hay 105 mil mapuches, el 0,2% de la población. El 94% de los mapuches que existen vive en Chile y el 6% en Argentina, es un tema casi totalmente chileno.

La gran mayoría de los mapuches argentinos trabajan y producen en el sur del país. Un grupo que no llega a las mil personas, relacionado con mapuches chilenos, formaron el RAM. Les apoyan bastantes argentinos que mezclan novelería indigenista, anomia, e ignorancia. En algunos casos también el deseo de participar en negocios inmobiliarios y otras actividades ilegales. Pocos son los seguidores del actual rey de Nueva Francia, Federico I, o del Fauta Lonco Augusto Pinochet.

26 septiembre, 2022

Argentina, ¿un Estado fallido?

El Estado fallido, más que una amenaza

Un intento de magnicidio, el narcotráfico, la expansión de la inteligencia paraestatal, la corrupción, la pérdida de control del territorio y del monopolio de la violencia aparecen como expresiones inconexas de la crisis nacional.
Por Claudio Jacquelin, publicado por La Nación.

Imagen de Alfredo Sábat / La Nación
La sucesión vertiginosa de acontecimientos políticos y económicos en modo secuencia de fotos impactantes, pero aisladas, impide ver la película que se va componiendo de fondo. El control del territorio, el monopolio de la fuerza, el funcionamiento eficaz de las instituciones del Estado en sus obligaciones indelegables choca y compite, en vastas áreas del país, con el avance del crimen organizado, la autonomización de espacios geográficos, la corrupción política, judicial y policial, la inseguridad ciudadana, un entramado de relaciones subterráneas espurias, una moneda al borde del repudio masivo y una economía informal creciente. Nada más cercano y parecido a la definición de Estado fallido que se pueda encontrar en la historia argentina.

El detrás de escena del atentando contra la vicepresidenta, el avance de la narcocriminalidad en el Gran Rosario (pero no excluyentemente allí), las ocupaciones de tierras en la Patagonia (tampoco excluyentemente), los incendios fuera del control estatal en el delta entrerriano (y más acá), el desconocimiento de la Justicia, el cambio de reglas de juego, la existencia de un aparato paraestatal de inteligencia y un presidencialismo sin autoridad presidencial son escenas de una trama que suele exponerse fragmentada.

24 septiembre, 2022

¿Hay hipótesis de conflicto?

La filtración de archivos militares de Chile revela inquietud y un prolijo seguimiento de la actividad de Defensa de la Argentina

Más de 400.000 documentos con clasificación “reservado, secreto y ultrasecreto” fueron objeto de un hackeo de al menos 5 jornadas. Su contenido relativiza la creencia local de que carecen de hipótesis de conflicto respecto a nuestro país.

Por Fernando Morales, publicado por Infobae.

La filtración de estos archivos militares chilenos desnuda no sólo la vulnerabilidad del sistema informático de la defensa trasandina sino también la obsesión chilena por la actividad militar argentina.

Uno de los documentos dice: “El nuevo radar de vigilancia y control aéreo emplazado por Argentina en Río Grande (Tierra del Fuego) es motivo de preocupación y deberían arbitrarse los medios para su neutralización”. Otro: “Argentina acaba de anunciar oficialmente un plan para adquisición de municiones con previsiones para los próximos 10 años que se sostendrá con aportes de un fondo específico aprobado por el congreso”.

El radar inaugurado en Río Grande el 30 de mayo pasado inquietó a Chile
Visto en Infobae

De la filtración, que le costó el puesto al jefe del Estado Mayor conjunto de las FFAA chilenas, general Guillermo Paiva, se desprende también que los altos mandos de esa fuerza elevan la ponderación sobre “la amenaza militar argentina” de “riesgo Bajo” a “rango Medio”.

Las frases precedentes textuales son sólo un extracto de las obtenidas en los apenas 27 documentos clasificados extraídos de las entrañas de al menos dos servidores del Estado Mayor Conjunto de las FFAA de la República de Chile.

08 julio, 2007

Cuando los ordenadores pasan al ataque

Los gobiernos se preparan para un asalto a sistemas informáticos cruciales.

Publicada por JOHN SCHWARTZ (NYT)
ELPAIS.COM.

Cualquiera que siga la tecnología o los asuntos militares habrá oído lo que se predice desde hace más de una década; que se avecina una ciberguerra. Aunque el desde hace tiempo anunciado y esperado conflicto informático aún no ha estallado, las previsiones se vuelven más siniestras con cada relato: una nación beligerante inicia un ataque, respaldado por sus cerebros y sus recursos informáticos; los bancos y otras empresas del enemigo quedan destruidos; las administraciones públicas acaban paralizándose; los teléfonos se desconectan; los juguetes parlantes controlados por microchips se transforman en máquinas de matar imparables.

No, ese último elemento no forma parte del escenario, principalmente porque esos juguetes controlados por microprocesador no están conectados a Internet mediante las tecnologías de control remoto industriales conocidas como sistemas Scada, acrónimo en ingles de Control Supervisor y Adquisición de Datos. La tecnología permite la vigilancia y el control remotos de operaciones como líneas de producción fabril y proyectos de obras públicas como las presas.

Por eso los expertos en seguridad se imaginan a los terroristas delante de un teclado cerrando fábricas o abriendo las compuertas de una presa para inundar las ciudades situadas río abajo.

Pero, ¿cuánto mal podría causar una ciberguerra, en especial si la comparamos con la fetén, a base de sangre y tripas? ¿Y hay realmente posibilidades de que ocurra? Sea cual sea la respuesta, los gobiernos se están preparando para La Grande. Los expertos en seguridad creen que China sondea desde hace tiempo las redes estadounidenses. De acuerdo con el informe anual de 2007 enviado por el Departamento de Defensa al Congreso, el ejército chino ha invertido grandes cantidades de dinero en contramedidas y defensas electrónicas contra un ataque, y en conceptos como "ataque a redes informáticas, defensa de redes informáticas, y aprovechamiento de redes informáticas".

EE UU también se está armando. Robert Elder, comandante del recién creado Mando Ciberespacial de las Fuerzas Aéreas, que defiende las redes militares de datos, comunicaciones y control, está aprendiendo a deshabilitar las redes informáticas de un rival y a destruir sus bases de datos. "Queremos entrar y tumbarlos en el primer asalto", dice, de acuerdo con lo publicado en Military.com.

Un ciberconflicto generalizado "podría tener enormes consecuencias", opina Danny McPherson, experto de Arbor Networks. Los ataques contra Internet, por ejemplo a través de lo que se conoce como servidores raíz de nombres, utilizados para conectar a los usuarios con las páginas web, podrían causar problemas generalizados, señala Paul Kurtz, de Safe Harbor, una empresa asesora sobre temas de seguridad.

Aún así, en lugar de plantearse las repetidas advertencias del sector sobre un "Pearl Harbor digital", McPherson cree que "la ciberguerra será mucho más sutil", y que "ciertas partes del sistema no funcionarán, o no podremos fiarnos de la información que se nos dé".

La mayoría de los expertos concluyen que lo que ocurrió en Estonia a comienzos de junio no fue un ejemplo. Los ciberatentados de Estonia se produjeron al parecer a causa de las tensiones sobre el plan del país de retirar los monumentos bélicos de la época soviética. En un principio, las autoridades estonias culparon a Rusia de los ataques, e insinuaron que sus redes informáticas estatales habían bloqueado el acceso electrónico a bancos y oficinas públicas. El Kremlin rechazó las acusaciones. Y al final las autoridades estonias aceptaron la idea de que quizá este ataque fuese obra de activistas tecnológicos que desde hace varios años organizan ataques similares prácticamente contra cualquiera.

Con todo, muchos expertos en seguridad y muchos periodistas consideraron inicialmente que los ataques digitales contra las redes informáticas estonias eran el principio del nuevo capítulo, pronosticado hace tiempo, en la historia del conflicto, aunque, las tecnologías y las técnicas usadas en los atentados no eran ni mucho menos nuevas, y tampoco el tipo de cosa que sólo un gobierno podría tener en su arsenal de armamento digital.

Incluso aunque al final estallase un conflicto centrado en Internet, y los microchips enfrentados hicieran lo peor, tendría unas consecuencias esencialmente distintas a las de la lucha a sangre y fuego, afirma Andrew MacPherson, profesor investigador de estudios jurídicos en la Universidad de New Hampshire. "Si tenemos un jarrón de porcelana y lo tiramos, es muy difícil pegarlo", explica. "Puede que un ciberataque se parezca más a una sábana rasgada y pueda volver a coserse".

01 junio, 2007

Comando del Ciberespacio de la Fuerza Aérea de EEUU: No apto para aficionados

Publicado por Rosa Miriam Elizalde
laRepublica.es

El 2 de noviembre de 2006 los medios estadounidenses dieron cuenta, con suma discreción, de unas frases protocolares para bendecir, oficialmente, el nacimiento del Comando del Ciberespacio de la Fuerza Aérea Norteamericana.

En la sede del Pentágono en Virginia, el general de tres estrellas Robert J. Elder, experto en tecnología avanzada de la ex Unión Soviética y con más horas de vuelo en el espionaje electrónico que en el aire, fue presentado como el Comandante en Jefe de esta nueva fuerza que marca un hito en la historia militar. Por primera vez, se incorpora a las armas ya tradicionales –el aire, el mar y la tierra- un cuarto cuerpo estratégico, que reacomoda las tácticas de guerra en este mundo cada vez más global. Su misión, repetida una y otra vez en ese discurso de iniciación mediática, es: “Alcance mundial, vigilancia mundial, poderío mundial.”

En aquella ceremonia ritual, los generales del Pentágono sencillamente levantaron el velo de la aterradora barricada tecnológica que han estado construyendo desde hace diez años para tomar por asalto la Internet, encrucijada en la que se va a dirimir –y ya está ocurriendo- toda la vida económica, social, política y militar del planeta.

“Hasta hoy –dijo el General Elder- hemos estado a la defensiva. El cambio cultural es que pasamos a la ofensiva y vamos a tratar al ciberespacio como un ámbito de combate (…).” También, amenazó: “Vamos a desarrollar, junto con las universidades, guerreros ciberespaciales que sean capaces de reaccionar ante cualquier amenaza las 24 horas del día, durante los siete días de la semana...”. Para que no quedara ninguna duda de la gravedad de la orden del Pentágono, el Teniente General Elder añadió: “en este ámbito, al igual que en cualquier escenario de guerra, no hay lugar para aficionados.”[1]

TODOS SOMOS TERRORISTAS

Quiero llamar la atención sobre esa frase: “no hay lugar para aficionados”, que es igual a decir “no hay lugar para nosotros”, la mayoría de los usuarios de la Red que apenas tenemos idea de qué procesos tecnológicos tienen lugar cuando mandamos un correo electrónico o navegamos en la web, y que no somos conscientes de que la Internet está y estará “invisible” pero omnipresente -como la electricidad- en todos los procesos esenciales de nuestras vidas.

Detrás de la reorganización del Ejército norteamericano está la decisión política de mantener no sólo el control de este espacio, la supremacía técnica y la vigilancia extrema de todos los que interactúen en él - potenciales terroristas mientras no demuestren lo contrario-, sino la arquitectura global de lo que ellos han decidido que será la sociedad del futuro.

La creación del Ejército para el Ciberespacio no es el comienzo, sino el punto final, la pata de la mesa que faltaba, en esa arquitectura. El Pentágono tiene la función de ser el policía encargado de identificar y asesinar, literal o digitalmente dentro y fuera de los Estados Unidos, las manifestaciones de resistencia o de alternativa política, tecnológica, económica y militar al orden que ellos han diseñado para nosotros. Los Estados Unidos son la primera ciberpotencia. Controlan las innovaciones tecnológicas, las industrias digitales, los proyectos (materiales e inmateriales) de todo tipo. Sus legislaciones al respecto están siendo clonadas de un país a otro. Toda la plataforma para los grandes cambios históricos, asociados a las llamadas tecnologías del acceso y la revolución de la nueva economía, la han ido imponiendo al mundo sin pedirle permiso a nadie, y frente a ese modelo instituido arbitraria y deslealmente solo ha habido tímidas y descoordinadas reacciones de los movimientos sociales.

En este ámbito, el obsesivo interés del gobierno de los Estados Unidos, agenciero de las grandes multinacionales de las telecomunicaciones, va mucho más allá del control de nuestras mentes, aunque, por supuesto, es un objetivo de primer orden convertir en una “tubería” privada que fluya en un solo sentido el espacio de comunicación más participativo que jamás haya tenido la humanidad.

Pero no es esta la única preocupación que tienen. Ignacio Ramonet ha dicho con razón que el dueño de la flota digital será quien controle el comercio y el dinero del mundo, como sucedía durante los siglos XVII al XVIII con la Flota de Indias. Y quien controle estas tecnologías, también conservará la supremacía militar. Pero el superpoderoso sistema de guerra norteamericano, que se sostiene en las técnicas de la comunicación y de la información, puede ser sensible a las acciones de guerra asimétrica, una lección que aprendieron en Vietnam y que les está dando infinitos dolores de cabeza en Iraq. Los misiles, los aviones, los helicópteros, las bombas “inteligentes” se desplazan simultáneamente por pistas digitales y aéreas, y el espacio cibernético puede ser tan o más vulnerable a las emboscadas que los caminos tangibles. “No hay lugar para aficionados”, esa frase soberbia del General Elder, tiene un significado añadido: la decisión de los Estados Unidos de convertir en asunto de seguridad nacional el desarrollo y uso de las tecnologías digitales más avanzas.

¿Cuál es la táctica inmediata que ha seguido el complejo militar-industrial norteamericano para impedir que la Internet sea un tesoro público y se convierta en una autopista privada, anclada a sus intereses hegemónicos? Los propios militares nos lo dicen. En un artículo publicado por la revista Military Review en el número de septiembre-octubre de 2003[2], dos oficiales que estudiaron a fondo la guerra cibernética palestino-israelí, develan un fragmento de un documento elaborado por el Pentágono sobre Seguridad Nacional e Internet[3]. Allí se definen las “cuatro necesidades en la política nacional e internacional de los Estados Unidos”, en torno a este tema:

1. Decidir quién proporcionará la seguridad en la Red –es decir, quién es el dueño. 2. Proporcionar respuestas legales al rápido crecimiento horizontal de la Red –es decir, una Ley Patriota universal. 3. Poner en vigencia responsabilidades legales para quienes creen incidentes no deseados –es decir, la represión. 4. Detener la proliferación de armas y tecnologías cibernéticas no deseadas –es decir, códigos cerrados a la mirada ajena y autopistas exclusivas para la poderosa elite norteamericana.

La argumentación que ofrece el Pentágono a estas “cuatro necesidades” es un manual de ciberterrorismo mundial ilustrado, en el que no podemos detenernos en este análisis por falta de tiempo. Quiero llamar atención al menos en un aspecto: desde hace algo más de diez años, mucho antes del 11 de Septiembre que ha servido en bandeja de plata el pretexto para esta ofensiva, los Estados Unidos han venido trabajando para crear dos canales que propicien el ordenamiento de la Red según sus intereses estratégicos. Uno, el legal, que intenta aprobar normativas nacionales e internacionales que les permitan espiar, intervenir servidores y páginas web y sancionar a los “terroristas” cibernéticos. (Si están al tanto de las noticias habrán visto los acuerdos entre Estados Unidos y la Unión Europea para la retención de datos y el impulso a legislaciones sobre un tipo de sociedad de la información.)

Y un segundo canal, en el que ilegalmente operan con avanzadas armas de guerra –las llamadas eufemísticamente de “minería de datos” y de “reconocimiento”-, para someternos a extrema vigilancia y para desactivar sitios web en una operación ofensiva que han denominado “política de eliminación de información virtual que pueda ser útil al enemigo”[4].

En un artículo publicado el 28 de marzo pasado por el USA Today[5] con el alarmante título de “Comando prepara ataques a sitios web terroristas”, se afirma que “los documentos contractuales del Pentágono muestran que el Ejército solicitó a las compañías (comerciales) desarrollar un espectro completo de técnicas para atacar redes informáticas. Según muestran los documentos, este programa, dirigido por el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea, prevé gastar 40 millones de dólares en 4 años.”

Tanto el Pentágono como las agencias de seguridad norteamericana parten del presupuesto de que todos somos sospechosos de ejercer el terrorismo, incluso si demostramos lo contrario. Y digo esto con premeditación. El Washington Post publicó el pasado 25 de marzo[6], que la famosa Base de Datos de Identidad de los Terroristas (TIDE por sus siglas en inglés), creada a partir del 11 de Septiembre con la integración de todas las agencias de Inteligencia del país, incorpora diariamente un promedio de 1200 nombres de ciudadanos nacionales y extranjeros. Ahí van a parar todos los registros inimaginables, desde itinerarios de vuelos hasta cuentas de restaurantes, resultados académicos e identificaciones personales en los chats de internet. El TIDE tiene un solo defecto: después que ingresa el nombre allí es prácticamente imposible borrarlo del sistema, por la compleja maraña de permisos que se necesitan para eliminar un expediente ya iniciado. “La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO, por sus siglas en inglés) –dice la autora del artículo del Washington Post, Karen de Young- reportó que en el 2005, por ejemplo, solo fueron borrados 31 nombres.”

Gracias a este segundo canal ilícito operan las variantes mejoradas del sistema Carnivore para el espionaje telemático –la versión europea se conoce como OSEMINTI y la han producido Francia, Italia y España a un costo de 2 000 millones de dólares[7]. Y también, navegan las nuevas terminologías y etiquetas que criminalizan los movimientos sociales y facilitan el terreno a la intervención legal e ilegal. La caricatura del nuevo terrorista tiene ahora un AKM en la mano derecha y una laptop, en la izquierda, y se dedica con especial ahínco a la “Guerra Santa Tecnológica”[8], tal como la definió el Observador del Terrorismo de la Fundación Jamestown. En esa guerra, afirman los expertos del Pentágono, se enfrentan los “guerreros ciberespaciales”[9] del General Elder contra “piratas”, “cibervigilantes”, “terroristas”, “estados hostiles”[10] e “individuos moderados radicalizados”[11].

No faltan, incluso, los expertos que vaticinan terroríficos escenarios controlados por los “enemigos cibernéticos”. En una especie de Harry Potter para adultos, el ministerio de la Defensa de Gran Bretaña publicó un informe de su Centro de Desarrollo, Conceptos y Doctrinas[12], en el que augura que los ciberterroristas serán capaces de crear chips que podrían implantarse en el cerebro humano, bombas de impulso electromagnéticas y otros diabólicos artefactos.

“En el 2035 –afirma el almirante Chris Parry, jefe del Centro- estarán disponibles armas de pulso electromagnético, capaces de destruir los sistemas de comunicación de una zona o de inutilizar centros neurológicos de comunicación o negocios… Se utilizarán armas de neutrones que matan sin destruir infraestructuras, que podrían ser usadas en limpiezas étnicas. Armas que permitirán ver a través de las paredes, y otras biológicas, radiológicas y nucleares altamente letales.”

Lo que no suelen admitir estos expertos es que los únicos que tienen la capacidad para crear ese tipo de artilugio de guerra y dirigir ataques en gran escala en la red, son los dueños de las tecnologías y los que controlan las investigaciones en las universidades y en los laboratorios militares. Como reconoció Ahmed Mücahid Ören, el coordinador del debate sobre ciberseguiridad de la Conferencia Mundial sobre Seguridad, convocada por la Unión Europea a fines de febrero de este año: “Un gran ataque electrónico requiere mucho tiempo, mucha información y muchísimo dinero.” [13]

OBSERVATORIO REGIONAL DE LA INTERNET

Desgraciadamente, estamos totalmente indefensos y enajenados de la guerra que ya nos hacen. Existe abundante información útil, pero está fragmentada y dispersa, mientras la izquierda sigue gravitando en dos corrientes igualmente engañosas y en cierto modo suicidas.

La primera corriente cree que la Internet es una panacea en la que se disiparán sus históricos problemas de expresión y articulación internacional. La segunda tendencia, absolutamente paranoica, suele mirar a la Red a distancia y con terror, y está convencida de que es un ámbito poblado de abismos y monstruos de siete cabezas como en el Gran Océano de las crónicas precolombinas.

Ambas corrientes nos dejan a merced de las decisiones y los zafarranchos de combate del Pentágono y sus filiales en Europa, y hay que reconocer que han logrado avanzar en sus estrategias de dominación en la web. No es casual que desde el 2003 no ha habido otras reacciones de la magnitud que vimos en los días previos al inicio de la intervención militar en Iraq, protesta que se hizo sentir de manera simultánea y organizada en cientos de ciudades del mundo con la ayuda indiscutible de la Internet.

Como mismo no podemos existir sin la tierra, sin el aire y sin el mar por más que otros nos hagan la guerra para arrebatarnos esos ámbitos de vida, es un asunto de elemental sobrevivencia defender el espacio cibernético sin el que no hay manera de construir el futuro de nuestra especie.

La ciberguerra terrorista que han declarado los Estados Unidos da por sentado dos miedos: uno al terrorismo en sí mismo y otro, a las tecnologías. Por tanto hay que apropiarse de estas técnicas; hay que diseñar nuestras propias estrategias; tenemos que monitorear también 24 horas al día si es posible la Red y sugerir alternativas frente a las agresiones del Comando Ciberespacial; urge identificar todos los resquicios legales que nos permitan hacerle frente a sus arremetidas, y sobre todo, debemos ayudar a construir, de un modo menos empírico, nuestras comunidades virtuales.

Asociado al Observatorio Global de los Medios, a la Red de Redes En Defensa de la Humanidad o otra institución que pueda apoyarlo, creo que debemos pensar seriamente y con urgencia en la posibilidad de tener un Observatorio Regional de la Internet que sistematice la recopilación de datos, que filtre la información y profundice en el conocimiento de la evolución y las tendencias de la Internet con una intencionalidad política, y por supuesto, que enlace a los movimientos, instituciones de gobierno e investigadores que directa o indirectamente evalúan los sistemas digitales, la comunicación y los movimientos sociales y políticos que se articulan a través de la Internet. Necesitamos información para dar la batalla legal frente a las ilegalidades y a las normas supuestamente legales que nos imponen. Y para denunciar, permanentemente, las violaciones y los atropellos.

Ignorar esta guerra no detendrá a los profesionales que comanda el general Elder. Todo lo contrario. Ahora mismo, en este mismo instante, nos están apuntando al cerebro y al corazón. Aceptemos el reto. Meditemos cómo organizarnos y qué legítimos instrumentos están a nuestro alcance para defender a toda costa la Internet solidaria, que es el único modo de impedir que las fantasías de Orwell se instalen entre nosotros, definitivamente, como realidad.

[1] Sara Wood, “El nuevo Comando de la Fuerza Aérea combatirá en el ciberespacio”. Servicio de Prensa del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Washington, 3 de noviembre de 2006. (Nota publicada en la página del Departamento de Estado: www.state.gov

[2] Coronel Patrick D. Allen, componente de reserva del Ejército de los EE.UU., y teniente coronel Chris Demchak. “La guerra cibernética palestina-israelí”. Military Review, septiembre-octubre de 2003.

[3] Chips C. Demchak, “State Security Paths in a Digital Mass Society: New Internet Topologies and Security Institution Obligations”, Cambridge Review of International Affairs, número especial sobre la seguridad del estado y el Internet. Fecha desconocida.

[4] Declaraciones al USA Today de John Arquilla, profesor de la escuela de posgrados de la Marina. En: Jim Michaels, “Comando prepara ataques a sitios web terroristas”. USA Today, 28 de marzo de 2007

[5] Ibídem.

[6] Karen de Young, “La base de datos sobre el terrorismo se ha cuadriplicado en once años”. En: The Washington Post, 25 de marzo de 2007; A01.

[7] Mercè Molist, “El Ministerio de Defensa español trabaja en un Carnivore europeo mejorado”. El País, Espaaña, 24 de febrero de 2007

[8] Abdul Hameed Bakier, "Última novedad de la Revista Técnica Mujahid, un Manual del Entrenamiento para Jihadis". Foundation Jamestown, 5 de abril de 2007. Publicado originalmente en Terrorism Monitor, 29 de marzo de 2007. Se puede consultar en: http://jamestown.org/news_details.php?news_id=232#

[9] Sara Wood. Nota citada.

[10]Esta categorización aparece en: “El ciberespacio es el ámbito donde la Fuerza Aérea vuela y combate”, intervención del Secretario de la Fuerza Aérea Michael W. Wynne en la Conferencia de Integración del C4ISR –Comando del Ciberespacio-, celebrada en Crystal City, Virginia, el 2 de noviembre de 2006. Publicado en la página de la Fuerza Aérea norteamericana. Se puede consultar en http://www.af.mil/library/policy/november.asp

[11] Michael Chertoff, Secretario de Seguridad Nacional de EEUU, en la reunión con el Comisario de Justicia de la UE. Bruselas, 5 de abril de 2007.

[12] “Chips cerebrales, bombas electromagnéticas y peores noticias”. El País, España. 9 de abril de 2007.

[13] "El nivel de riesgo actual del ciberterrorismo es bajo, opinan expertos". Agencia EFE, 1 de marzo de 2007.

///(
laRepublica.es).

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